Luxación de rótula o inestabilidad patelofemoral: síntomas, tratamiento y recuperación
Cirugía artroscópica de rodilla en Gijón
Que la rótula se salga de su sitio es una experiencia que asusta, y muchas veces no ocurre una sola vez. Esta página está pensada para pacientes jóvenes y deportistas que han sufrido una luxación de rótula, para quienes notan que se les sale una y otra vez, y para padres de adolescentes con este problema. En este artículo le explico, con los estudios más recientes y mi experiencia como traumatólogo en Asturias, cuándo basta la rehabilitación, cuándo conviene operar y cómo reparo o reconstruyo el ligamento que la mantiene en su sitio.
Luxación de rótula en Asturias
La escena suele repetirse: un giro con el pie apoyado, jugando al fútbol, al baloncesto o bailando, y la rótula se sale de su sitio hacia el exterior de la rodilla. A veces vuelve por sí sola a su lugar al estirar la pierna y otras veces el médico de urgencias tiene que recolocarla. Después llegan el dolor, la inflamación y, sobre todo, el miedo a que vuelva a pasar.
Ese miedo tiene fundamento: tras un primer episodio, una parte importante de las personas vuelve a luxarse, y cada nueva luxación puede dañar el cartílago de la articulación. Por eso, en mi consulta del Hospital Begoña de Gijón no me limito a tratar la luxación de hoy: busco por qué ha ocurrido, para evitar la siguiente.
¿Qué es una luxación de rótula?
La rótula, también llamada patela, es un hueso que se desliza por un surco del fémur, la tróclea, cada vez que doblamos y estiramos la rodilla. Funciona como una polea que ayuda al cuádriceps a extender la pierna. Para que ese deslizamiento sea estable, la rótula necesita un surco con buena profundidad, estar a la altura adecuada, una pierna bien alineada, tejidos que la sujeten y músculos que la guíen.
Hablamos de luxación cuando la rótula se sale por completo de ese surco, casi siempre hacia la parte lateral (externa) de la rodilla. El principal freno que impide ese desplazamiento es el ligamento patelofemoral medial (MPFL por sus siglas en inglés), situado en la parte interna de la articulación. En la gran mayoría de las luxaciones, este ligamento se lesiona y la rótula pierde su principal freno, por lo que puede volver a salirse con mayor facilidad.
Tipos de luxación de rótula
No todas las luxaciones son iguales, y distinguirlas es el primer paso para elegir el tratamiento:
- Primera luxación. La rótula se sale por completo del surco por primera vez, lo cual se confirma mediante la exploración y las pruebas de imagen. A veces ocurre tras un traumatismo fuerte y otras tras un gesto sencillo, como un giro, y eso importa: cuanto menor es la fuerza que la provoca, más probable es que la rodilla tenga alteraciones anatómicas de base más importantes. Es el momento clave para evaluar el riesgo de que vuelva a ocurrir.
- Subluxación. La rótula se desplaza solo parcialmente y vuelve por sí sola a su posición. La persona nota que la rodilla “se va”, aunque la rótula no llegue a salir del surco por completo.
- Luxación recidivante. Tras la primera, los episodios se repiten con el tiempo, a veces con gestos cada vez más pequeños. En mi consulta, es el tipo de inestabilidad de la rótula que más veo. Y también es el punto en el que ya llegamos tarde: lo ideal es no acabar aquí. Por eso, lo ideal es consultar tras la primera luxación y no tras la cuarta.
- Luxación habitual. Esta patología es poco frecuente: la rótula se sale cada vez que se dobla la rodilla, casi siempre debido a alteraciones anatómicas importantes.
Causas de la luxación de rótula
Las causas de la luxación de rótula son casi siempre una combinación de un mecanismo de lesión y una rodilla predispuesta. Puede deberse a un golpe directo, pero el mecanismo más habitual es un giro con la pierna fija en el suelo. Es más frecuente en adolescentes, con cierta tendencia a afectar más a las mujeres, y en personas que practican deportes con cambios rápidos de dirección. A partir de los 25 años es poco frecuente.
Casi todas las luxaciones de rótula ocurren en rodillas con alguna predisposición, y cuantos más factores coinciden, mayor es el riesgo de que vuelva a ocurrir. Los principales son:
- Displasia troclear. Es el factor que más pesa: el surco por el que se desliza la rótula es poco profundo o plano, e incluso en ocasiones convexo. En una serie de 326 rodillas con una primera luxación, el riesgo de volver a luxarse fue unas 3 veces mayor en presencia de displasia troclear.
- Rótula alta. La rótula está más arriba de lo normal y tarda más en encajar en el surco. Por sí sola pesa menos, pero suma cuando coincide con la displasia: con ambas, el riesgo fue unas cuatro veces mayor.
- Desalineación del aparato extensor (ángulo Q y TT-TG aumentados). La fuerza del cuádriceps llega a la rótula con una dirección más lateral, por una tuberosidad tibial lateralizada, una torsión del fémur o de la tibia o un valgo marcado. Se mide en la resonancia con el TT-TG, la distancia entre la tuberosidad tibial y el fondo de la tróclea.
- Edad y esqueleto inmaduro. Cuanto más joven es la persona, mayor es el riesgo, que se duplicó en quienes aún estaban en crecimiento. En esa serie, ninguna persona mayor de 40 años volvió a luxarse.
- Hiperlaxitud y luxación previa en la otra rodilla. La hiperlaxitud ligamentosa puede contribuir a las luxaciones de rótula, sobre todo bilaterales (en ambas rodillas).
También influyen la edad, con mayor riesgo cuanto más joven es la persona, y la fuerza del golpe: cuanto menor es la fuerza necesaria para luxar la rótula, más probable es que exista una alteración anatómica de base.El sexo no parece influir en el riesgo de que la luxación se repita.
Cuantos más factores coinciden, mayor es el riesgo. En niños y adolescentes con crecimiento sin terminar, displasia troclear, rótula alta y una luxación previa en la otra rodilla, el riesgo estimado de volver a luxarse es de cerca del 90 %.
Síntomas de una luxación de rótula
Los síntomas más característicos se notan casi siempre en el mismo momento de la lesión:
- La sensación de que la rótula “se sale” o de que algo se desplaza, a veces con una deformidad visible.
- Dolor intenso en la parte delantera e interna de la rodilla.
- La articulación se inflama en las primeras horas, a menudo debido a la presencia de sangre en la rodilla (hemartrosis). En menores de 15 años, la luxación de rótula es la causa más frecuente de este sangrado.
- Imposibilidad de estirar la pierna o de apoyar el peso.
Si la rodilla se hincha mucho enseguida, puede haber una lesión del cartílago o un fragmento de cartílago o de hueso suelto dentro de la articulación, y conviene realizar una resonancia magnética cuanto antes.
Pasadas unas semanas, el dolor y la inflamación suelen mejorar. Lo que no siempre mejora es la sensación de inestabilidad, y, junto con los factores de riesgo y las lesiones del cartílago, es lo que más pesa a la hora de decidir el tratamiento. De hecho, alrededor de la mitad de las personas sigue con síntomas como dolor, hinchazón, sensación de que la rodilla falla o miedo a que vuelva a pasar, aunque la rótula no llegue a luxarse de nuevo.
En la luxación recidivante, los episodios suelen ser menos dolorosos, pero aparece una sensación de inseguridad constante. Muchas personas evitan girar, saltar o bajar escaleras por miedo a que la rótula vuelva a salirse y acaban reduciendo su actividad deportiva.
Luxación recidivante de rótula
Hablamos de luxación recidivante de rótula cuando la rótula se sale más de una vez, ya que el primer episodio de luxación daña ligamentos estabilizadores.Es el cuadro que más veo en mi consulta, y muchas personas solo consultan cuando los episodios ya se repiten.
Las causas de la luxación recidivante son las mismas que favorecen el primer episodio, a las que se suma un MPFL lesionado en la primera luxación y que ya no sujeta bien la rótula. Por eso, en estos casos, los episodios pueden producirse con gestos cada vez más pequeños, y la inestabilidad acaba limitando la actividad diaria.
En la luxación recidivante, la rehabilitación por sí sola no estabiliza la rótula: los ejercicios mejoran el control muscular, pero no pueden reparar el MPFL ni corregir las alteraciones anatómicas que provocan la luxación. Por eso el tratamiento de base es quirúrgico, para estabilizar la rodilla y proteger la articulación.
¿Qué consecuencias tiene para la rodilla?
Cuando la rótula se sale y vuelve a entrar, choca contra el borde del fémur. Ese golpe puede lesionar el cartílago o arrancar un fragmento osteocondral (de cartílago y hueso), que queda suelto en la articulación y puede bloquearla. Estas lesiones son frecuentes, sobre todo en niños y adolescentes, y suelen presentarse incluso en la primera luxación. Además, cada nuevo episodio estira aún más el MPFL y los tejidos de la parte interna, y castiga la superficie articular de la rótula: cuanto más inestable queda la rótula, mayor es el daño del cartílago.
Por eso, la luxación de rótula no es una condición que convenga dejar evolucionar sin control. Con los años, el daño repetido puede provocar dolor persistente y artrosis (desgaste) de la articulación femoropatelar.
Diagnóstico
En la consulta escucho cómo ocurrió la lesión y hago una exploración clínica con atención a la movilidad de la rótula. Pregunto también por la edad, los antecedentes familiares y si la otra rodilla se ha salido o ha fallado alguna vez. En los primeros días, la exploración puede ser difícil por el dolor y la inflamación y se repite cuando pasa la fase aguda.
La prueba de aprensión, en la que desplazo suavemente la rótula hacia fuera, suele provocar en estas personas una sensación de miedo muy característica. Además, observo cómo se desplaza la rótula al doblar y estirar la rodilla; valoro el eje de la pierna con la persona de pie, tumbada y boca abajo; la rotación de la cadera (orienta sobre la torsión del fémur); el rango de movimiento y la fuerza de los músculos; y comparo con la rodilla sana.
Las pruebas de imagen completan el estudio:
- Radiografía. Permite medir el tamaño y la altura de la rótula, visualizar la forma de la tróclea y detectar fragmentos óseos sueltos. Se realizan proyecciones de frente, de perfil y axial y, si se sospecha un valgo, también telemetrías, que son radiografías de la pierna entera con la persona de pie.
- Resonancia magnética (RM). La resonancia magnética es clave para diagnosticar luxaciones. Es imprescindible tras una primera luxación y conviene realizarla cuanto antes. Muestra la lesión del MPFL, la forma de la tróclea y la altura de la rótula y, sobre todo, si la luxación ha dañado el cartílago y si un fragmento suelto puede fijarse.
- Tomografía (TAC). Lo solicito en algunos casos para medir la posición de la tuberosidad tibial respecto al centro de la tróclea y la torsión de los huesos.
El diagnóstico y la decisión del tratamiento se basan siempre en la combinación de lo que refiere el paciente, la exploración y las imágenes, y no en una prueba aislada.
Si la luxación ha arrancado un fragmento osteocondral, lo ideal es tratarlo pronto y, siempre que sea posible, fijarlo y no retirarlo, por lo que es mejor no retrasar la consulta.
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Tratamiento de la luxación de rótula
No existe un tratamiento único para todos. Sigo las recomendaciones del consenso de la Sociedad Europea de Artroscopia y Traumatología Deportiva (ESSKA), que pide individualizar la decisión según el riesgo de que la luxación se repita. Depende del tipo de luxación, del número de episodios, de los factores anatómicos de cada rodilla, de si hay lesiones de cartílago, de la edad y de la actividad que cada persona quiera recuperar.
Tratamiento sin cirugía
Tras un primer episodio sin lesión del cartílago ni factores de riesgo importantes de recidiva, sobre todo en adultos, el tratamiento puede ser conservador. En las primeras semanas se controlan el dolor y la inflamación, y la ortesis, si se usa, es de movilidad libre y solo durante muy poco tiempo, porque no hay evidencia de que ninguna ortesis sea mejor que no usarla. Después comienza la rehabilitación, centrada en el cuádriceps y los glúteos, el movimiento, la marcha y el control neuromuscular, para que la rótula se deslice de forma estable, con una revisión por el cirujano a los pocos meses.
El tratamiento conservador funciona en muchos casos, pero no en todos: al menos una de cada cuatro personas vuelve a luxarse y, en niños y adolescentes, la cifra llega a 7 de cada 10. Por eso es tan importante identificar desde el principio a quienes tienen más riesgo, y no esperar a acumular episodios.
¿Cuándo hay que operar?
Planteo el tratamiento quirúrgico en estos casos:
- Luxación recidivante, es decir, cuando la rótula se ha salido más de una vez. En ella, la rehabilitación por sí sola no basta, aunque sigue siendo importante tanto antes como después de la cirugía.
- Primer episodio con lesión del cartílago asociada. Si el defecto mide 1 cm² o más en la zona de la rótula, lo recomendable es repararlo o fijarlo, y no retirarlo.
- Primer episodio con alto riesgo de volver a luxarse debido a la suma de factores anatómicos.
- Primer episodio en adolescentes, en el que la recurrencia es mayor. El consenso recomienda valorar la cirugía con la familia en todos ellos y, en general, yo la planteo desde la primera luxación.
Si la rodilla necesita, además, un gesto sobre el hueso, lo asocio a la misma intervención para no exponerla a una segunda cirugía.
Reparación del MPFL con refuerzo (Internal Brace)
En algunos casos de primera luxación, cuando el ligamento se ha arrancado de su inserción y el resto de los tejidos está en buen estado, lo repongo en su sitio con suturas y anclajes y lo refuerzo con un “Internal Brace”, una cinta que protege la sutura mientras el ligamento cicatriza. Solo la utilizo en la primera luxación y en casos bien seleccionados.
Esta técnica es distinta de la reparación clásica, que, al suturar únicamente el ligamento, ha mostrado peores resultados que la reconstrucción. En una serie de adolescentes con primera luxación y lesión del cartílago, ninguno de los que tuvieron la reparación reforzada con cinta volvió al quirófano, frente al 35 % de los que no la tuvieron. Aún no hay estudios que la comparen directamente con la reconstrucción.
Reconstrucción del MPFL
A partir de la segunda luxación y en casos de primer episodio con un ligamento de baja calidad para repararlo, la mejor opción es reconstruirlo. Sustituyo el ligamento por un injerto de recto interno (uno de los tendones isquiotibiales) del propio paciente. Este injerto lo fijo en la rótula y en el fémur, en los puntos donde se insertaba el ligamento original. Esta opción devuelve a la rótula el freno que había perdido y el consenso europeo la recomienda como técnica de elección frente a la reparación clásica.
Es una técnica con buenos resultados: tras la reconstrucción aislada, la rótula vuelve a luxarse solo en torno al 1 % de los adultos jóvenes (en adolescentes la cifra es mayor, de alrededor del 10 %) y alrededor del 84 % vuelve a hacer deporte. Como toda cirugía, conlleva riesgos: dolor en la parte delantera de la rodilla, pérdida de movilidad o, rara vez, una fractura de la rótula.
Cirugía sobre el hueso
Si existe un componente óseo importante que contribuye a la inestabilidad, como una displasia troclear grave, una rótula muy alta o una tuberosidad tibial lateralizada, puede ser necesario asociar procedimientos adicionales a la reparación o reconstrucción del MPFL:
Trocleoplastia
Cuando el surco del fémur es muy plano o convexo, la rótula no tiene dónde apoyarse por muy bien que se reconstruya el MPFL. La trocleoplastia remodela ese surco: se levanta una lámina de cartílago y hueso de la tróclea, se profundiza el lecho y se vuelve a fijar en su nueva posición para que la rótula quede encajada al doblar la rodilla. La realizo por vía abierta o artroscópica, según el caso, y en combinación con la reconstrucción del MPFL.
Se reserva para las displasias de alto grado, no para las leves o moderadas, en las que el MPFL aislado funciona igual de bien. En una revisión de 12 estudios y 702 pacientes, la rótula volvió a luxarse entre el 0 % y el 8 % de los casos, con mejoría en las puntuaciones funcionales. Como toda cirugía, tiene riesgos, siendo el principal la rigidez de la rodilla. Al ser una técnica más agresiva, solo se indica cuando el surco lo justifica.
Osteotomía de la tuberosidad tibial (TTO, por sus siglas en inglés)
La tuberosidad tibial es la prominencia de la tibia en la que se inserta el tendón rotuliano. Si está medializada, o si la rótula está demasiado alta, el cuádriceps tira de ella en una dirección que favorece la luxación. En la TTO se corta un fragmento óseo con esa inserción y se fija con tornillos en una posición más favorable. Puede moverse hacia dentro (medialización) para centrar la tracción sobre la rótula o hacia abajo (distalización) para bajarla y que encaje antes en el surco.
La asocio a la reconstrucción del MPFL cuando la rótula está alta o el TT-TG está claramente aumentado, y no hace falta en todas las rodillas.
No todas las rodillas necesitan tratamiento sobre el hueso, aunque algunos pacientes necesitan combinar ambos al MPFL. Dos personas con la misma rótula alta pueden precisar cirugías distintas según su surco: si es poco displásico, puede bastar con reconstruir el MPFL y bajar la rótula con la TTO, y si la displasia es de alto grado, puede ser necesario además remodelar el surco. Cuando estos gestos están indicados, los asocio en la misma operación, también en la primera luxación. En niños con los cartílagos de crecimiento muy abiertos, estas operaciones óseas no se recomiendan en general. El abordaje se decide de forma individual según las alteraciones de cada rodilla.
Recuperación y vuelta al deporte
La rehabilitación empieza pocos días después de la cirugía. Los primeros objetivos son controlar la inflamación, recuperar la extensión completa y activar el cuádriceps. Después se recupera la flexión de forma progresiva y se trabaja la fuerza de la cadera y del muslo, junto con el equilibrio y el control del movimiento.
Tras la reparación o la reconstrucción del MPFL, se apoya con carga parcial progresiva desde el comienzo y una ortesis mantiene la rodilla bloqueada en extensión durante las dos primeras semanas. Después, el movimiento se amplía poco a poco: hasta 30° en la semana 3, 60° en la 4, 90° en la 5 y rango completo a partir de la 6.
Si además se ha hecho una trocleoplastia o una TTO, el movimiento progresa igual, pero no se apoya durante las seis primeras semanas, para que el hueso consolide.
El fortalecimiento del cuádriceps ayuda a mantener la rótula en su lugar.
A partir de los tres meses se retoman las actividades sin impacto y el deporte con impacto no antes de los seis meses. Como en el resto de las lesiones deportivas, no doy el alta por calendario, sino cuando las pruebas de fuerza y de función lo permiten. Volver a girar y saltar sin confianza en la rodilla es el primer paso hacia una nueva luxación. El calentamiento y el estiramiento antes de las actividades deportivas son fundamentales para prevenir nuevas lesiones.
Preguntas frecuentes
Pida cita
Si se le ha salido la rótula alguna vez o nota que su rodilla es inestable al girar, puedo valorar su caso en mi consulta de traumatología y medicina deportiva del Hospital Begoña de Gijón. Lo ideal es consultar tras la primera luxación, sin esperar a que se repita. Paso consulta los jueves por la tarde. Escríbame por WhatsApp y pida una cita conmigo.
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